En una cueva del Valle de Tlacolula aparecieron unas semillas de calabaza. Tienen diez mil años y, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia, son “los restos más tempranos de plantas domesticadas descubiertos hasta la fecha en el continente americano”.

Eso es lo que está inscrito aquí. No un templo ni una pirámide: el momento en que alguien, en América, dejó de solo recolectar y empezó a sembrar.

Es de los sitios Patrimonio Mundial más difíciles de “visitar” y de los más importantes de entender. Esta guía es lo segundo.

Los datos

Según la ficha de la Dirección de Patrimonio Mundial del INAH:

  • Nombre oficial: “Cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla en los Valles Centrales de Oaxaca”.
  • Año de inscripción: 2010.
  • Categoría en el listado del INAH: “Zona Arqueológica”.
  • Ubicación: el Valle de Tlacolula, en Oaxaca.
  • Antigüedad de la ocupación: “alrededor de 12,000 años”.
  • Extensión del registro: “más de 100 cuevas y abrigos rocosos con un alto porcentaje de ocupación humana”.
  • Formaciones principales: “el Duvil-Yasip, Yagul, Caballito Banco, Los Compadres, El Fuerte, Corral de Piedra y la Fortaleza de Mitla”.

Está en la herramienta de Patrimonio Mundial, junto con los otros 35 sitios inscritos del país.

Un matiz de clasificación: el listado del INAH lo registra como Zona Arqueológica, pero su propio texto descriptivo abre hablando del “paisaje cultural de las Cuevas Prehistóricas de Mitla y Yagul”. Las dos formulaciones son de la misma fuente. No es contradicción de fondo —describen el mismo bien— pero conviene saber que la categoría formal y la descripción no usan la misma palabra.

Guilá Naquitz: donde empieza la agricultura americana

Si esta página tuviera que quedarse con un solo dato, sería este.

En la cueva de Guilá Naquitz se hallaron “semillas de cucurbitáceas (calabaza, chilacayote) de 10,000 años de antigüedad”. Y la ficha es explícita sobre lo que eso significa: “Son los restos más tempranos de plantas domesticadas descubiertos hasta la fecha en el continente americano”.

Léelo despacio. No los más tempranos de Oaxaca, ni de México: del continente. La agricultura americana tiene un punto de partida documentado, y está en una cueva de un valle oaxaqueño.

Conviene fijarse en la fórmula exacta de la fuente: dice “descubiertos hasta la fecha”. Es una afirmación sobre el registro arqueológico conocido, no una verdad congelada. Si mañana aparece algo más antiguo en otro lugar, el dato cambia. Así se escribe cuando se escribe con cuidado.

Doce mil años de ocupación

La cronología larga del sitio es todavía mayor que la de las semillas. La ficha habla de restos de ocupación humana “que nos remiten a tiempos prehistóricos de alrededor de 12,000 años de antigüedad”, y de una relación estrecha con “los grupos humanos de cazadores-recolectores que habitaron esta región desde hace unos doce mil años”.

Dos milenios separan esa ocupación inicial de las semillas domesticadas de Guilá Naquitz. Ese intervalo es el contenido del sitio: el tránsito lento de cazar y recolectar a sembrar y quedarse.

La fuente lo formula como el testimonio de “la forma de vida que dio paso a las altas culturas mesoamericanas, gracias a la sedentarización de los primeros pobladores de México”. Dicho de otro modo: sin lo que pasó en estas cuevas, no hay Teotihuacán ni Palenque. Este sitio es el capítulo anterior de esa historia — el que casi nunca se cuenta porque no dejó edificios.

Las cuevas que llevan el registro

De las más de 100 cuevas y abrigos rocosos registrados, la ficha destaca dos por una razón concreta: “la de la Paloma y Rockshelter porque en ellas se han encontrado evidencias de transición del nomadismo al sedentarismo”. (El segundo nombre aparece así, en inglés, en la fuente; lo transcribimos tal cual.)

Lo que se conserva y se puede leer en el conjunto, según la misma ficha: “principalmente pinturas rupestres y petrograbados, además de la existencia de materiales líticos en superficie que demuestran el desarrollo de esta tecnología en los diferentes periodos culturales”.

Materiales líticos en superficie: herramientas de piedra que siguen ahí, a la vista, sin excavar. Es una de las razones por las que un sitio así es tan frágil.

Lo que comían: la lista completa

Este es el pasaje más revelador de la ficha, y vale la pena leerlo entero porque es una radiografía de una dieta de hace milenios.

Entre lo que la fuente considera de las primeras especies domesticadas: “La calabaza, el maíz, el guaje y los chiles”.

Y entre los restos de plantas no domesticadas: “el piñón, la cebolla silvestre, el maguey, el guaje, los frijoles, el nanche, los nopales y las moras”.

La conclusión que saca el INAH es que sus habitantes “estaban involucrados en prácticas protoagrícolas, tanto con plantas estacionales como con las que posteriormente serían domesticadas”, y que eso muestra “un proceso de evolución e interdependencia entre estas especies y el ser humano”.

No fue un salto. Fue una convivencia larga entre gente y plantas hasta que unas y otras se volvieron dependientes.

Una inconsistencia de la propia ficha, dicha de frente: el guaje aparece en las dos listas — entre las primeras especies domesticadas y entre las no domesticadas. Está así en la fuente, en párrafos consecutivos. No lo resolvemos por nuestra cuenta ni lo borramos de una de las dos listas: lo señalamos.

Qué no dice la ficha

El apartado honesto, que aquí importa más que en otras guías.

La ficha no publica: los municipios que abarca el bien (solo dice “Valle de Tlacolula”), la superficie inscrita, la zona de amortiguamiento, los criterios de la UNESCO por los que se inscribió, ni cuáles de las cuevas están abiertas al público, con qué horarios, tarifas o condiciones.

Esto último merece énfasis. Esta guía no te está diciendo que vayas a meterte a las cuevas. Son sitios arqueológicos con pinturas rupestres y material lítico expuesto; el acceso lo regula el INAH y no tenemos fuente que diga cuál es el régimen. Si te interesa verlas, el trámite empieza preguntando al INAH, no llegando.

Lo que sí puedes planear con certeza es la región: el Valle de Tlacolula está en los Valles Centrales de Oaxaca, el mismo estado donde documentamos Capulálpam de Méndez, en la Sierra Norte.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla?

Un conjunto de más de 100 cuevas y abrigos rocosos en el Valle de Tlacolula, Oaxaca, con restos de ocupación humana de unos 12,000 años. Están inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial desde 2010.

¿Por qué son importantes?

Porque documentan el paso de la caza y la recolección a la agricultura. En la cueva de Guilá Naquitz se hallaron semillas de calabaza y chilacayote de 10,000 años que el INAH describe como los restos de plantas domesticadas más tempranos hallados hasta la fecha en América.

¿Cuántas cuevas son?

Más de 100 registradas. Las formaciones principales que nombra la ficha son Duvil-Yasip, Yagul, Caballito Banco, Los Compadres, El Fuerte, Corral de Piedra y la Fortaleza de Mitla.

¿Qué se puede ver ahí?

Según la ficha, pinturas rupestres, petrograbados y materiales líticos en superficie. La fuente no especifica cuáles cuevas son visitables ni bajo qué condiciones.

¿Se pueden visitar? ¿Cuánto cuesta?

Nuestra fuente no publica horarios, tarifas ni régimen de acceso. Consúltalo con el INAH antes de planear cualquier visita: este sitio no inventa esos datos ni recomienda entrar por cuenta propia a sitios arqueológicos.

¿Es lo mismo que la zona arqueológica de Mitla?

No. Lo inscrito en 2010 es el conjunto de cuevas y abrigos rocosos del valle, no las zonas arqueológicas monumentales que llevan esos nombres, aunque la Fortaleza de Mitla figure entre las formaciones del conjunto.

Fuentes y fecha de verificación

Guía preparada el 26 de julio de 2026 con la ficha de las Cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla en los Valles Centrales de Oaxaca, de la Dirección de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y con su listado nacional de sitios inscritos. Las citas entre comillas son transcripción literal de esa fuente. El régimen de acceso, los horarios y las tarifas los fija el INAH y cambian: confírmalos antes de cualquier visita.