Cuando los misioneros jesuitas llegaron a esta sierra a finales del siglo XVII y preguntaron por las pinturas, los cochimíes —que vivían ahí— les dieron una explicación: no eran suyas.
Según la ficha del INAH, los cochimíes “dieron razón de esas pinturas bajo la creencia de que habían sido obra de una raza humana gigante que se extinguió antes de su llegada”.
Es decir: para la gente que habitaba la sierra, esas figuras ya eran antiguas e inexplicables. Llevaban milenios ahí y nadie recordaba quién las había hecho.
Los datos
Según la ficha de la Dirección de Patrimonio Mundial del INAH:
- Nombre oficial: “Pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco”.
- Año de inscripción: 1993. Categoría: “Arte Rupestre”.
- Estado: Baja California Sur.
- Superficie: aproximadamente 3,600 km².
- Elevación máxima: 1,590 metros sobre el nivel del mar.
- Cañones principales: 12.
- Sitios registrados con evidencia de presencia humana: más de dos mil.
- Grupos principales: Guadalupe, Santa Teresa, San Gregorio y Cerritos.
Está en la herramienta de Patrimonio Mundial, junto con los otros 35 sitios inscritos del país.
Dos mil sitios, no una cueva
El error más común al hablar de este bien es imaginar una cueva famosa. No lo es.
La ficha dice que las pinturas “se distribuyen sobre 12 cañones principales, donde se han registrado más de dos mil sitios con evidencia de presencia humana”, y que el conjunto está “dividido en cuatro grupos principales: Guadalupe, Santa Teresa, San Gregorio y Cerritos”.
Más de dos mil sitios en 3,600 kilómetros cuadrados de sierra. Es un territorio pintado, no un monumento.
Y están donde están por una razón física que la ficha consigna: “Las pinturas se encuentran en las paredes y techos de abrigos rocosos en los lados de barrancos de difícil acceso.”
Paredes y techos. Pintar el techo de un abrigo rocoso, a la altura que eso implica, no se hace de pie: exige andamios o estructuras. Y de difícil acceso explica, en buena medida, por qué siguen ahí.
Qué se ve
El estilo, según la fuente, “es esencialmente realista y está dominado por representaciones de figuras humanas, marinas y fauna terrestre diseñadas en rojo, negro, blanco y amarillo que ilustran la relación entre los humanos y su ambiente y revela una cultura altamente sofisticada”.
Cuatro colores: rojo, negro, blanco y amarillo.
Tres temas: figuras humanas, fauna marina y fauna terrestre.
Fíjate en el segundo. Estas pinturas están en la sierra, tierra adentro, y sin embargo hay fauna marina en las paredes. La gente que pintó aquí conocía el mar y lo llevó a la montaña.
Dos cosas que la ficha dice y no cuadran
Aquí toca ser puntilloso, porque la fuente se contradice consigo misma en dos puntos, y preferimos decirlo a taparlo.
Primero: ¿pinturas o grabados?
El sitio se llama oficialmente “Pinturas rupestres”, y todo el texto describe pinturas —colores, paredes, techos—. Pero la primera línea de la descripción dice que la sierra alberga “grabados rupestres”.
Pintura y grabado son técnicas distintas: una añade pigmento, el otro rebaja la roca. La ficha usa las dos palabras para lo mismo. Nos quedamos con “pinturas”, que es el nombre oficial del bien y lo que describe el resto del texto, pero dejamos constancia de la otra palabra.
Segundo: ¿de cuándo son?
La ficha atribuye las pinturas a “una antigua cultura que habitó la región a finales del Pleistoceno, hace 10,000 años”.
Pero el único fechamiento concreto que ofrece es otro: “En 2008 se determinó que en la cueva de San Borjita fue localizada una figura humana realizada hace 7,500 años.”
Diez mil años en la afirmación general; siete mil quinientos en el único dato fechado. No son incompatibles —una cultura pudo habitar la región mucho antes de pintar esa figura en particular—, pero la ficha no publica la antigüedad de las pinturas como conjunto, y esa es la cifra que la gente busca.
Publicamos las dos y no elegimos una. Hueco declarado.
Qué no publica la ficha
Además de lo anterior, la fuente no publica: los municipios, los criterios de la UNESCO, la zona de amortiguamiento, cuántos de los dos mil sitios tienen pintura (dice “evidencia de presencia humana”, que es más amplio), ni quiénes fueron los autores, más allá de llamarlos “una antigua cultura”.
Y no publica nada sobre visitas: accesos, permisos, guías, tarifas, duración de los recorridos ni reglas de conservación.
Eso último importa más que en otros sitios. Se trata de pintura sobre roca en barrancos de difícil acceso: el acceso a este tipo de bienes suele estar regulado y requerir autorización y acompañamiento. Consúltalo con el INAH antes de planear cualquier cosa, y no entres a un abrigo rocoso por tu cuenta.
El otro sitio de cuevas de la lista
México tiene otro bien inscrito donde las cuevas guardan la evidencia más antigua: las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla, en Oaxaca, con arte rupestre y los restos de plantas domesticadas más tempranos del continente según su propia ficha.
Son dos maneras muy distintas de conservar lo mismo: allá, semillas; aquí, pigmento.
La Sierra de San Francisco y su estado
Esta sierra se levanta tierra adentro de las lagunas del santuario de ballenas de El Vizcaíno, inscrito el mismo año, 1993. Dos bienes vecinos, uno cultural y otro natural, declarados a la vez.
En el estado también documentamos Todos Santos, en el sur peninsular. El resto está en el hub de Baja California Sur.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas pinturas rupestres hay en la Sierra de San Francisco?
La ficha no cuenta pinturas: registra más de dos mil sitios con evidencia de presencia humana, distribuidos en doce cañones principales y agrupados en cuatro conjuntos: Guadalupe, Santa Teresa, San Gregorio y Cerritos.
¿Qué antigüedad tienen?
La ficha atribuye las pinturas a una cultura que habitó la región hace 10,000 años, a finales del Pleistoceno, pero el único fechamiento que da es de 7,500 años, para una figura humana de la cueva de San Borjita determinada en 2008. No publica una antigüedad para el conjunto.
¿Qué representan?
Figuras humanas, fauna marina y fauna terrestre, en estilo realista, pintadas en rojo, negro, blanco y amarillo sobre paredes y techos de abrigos rocosos.
¿Quiénes las pintaron?
La ficha solo habla de “una antigua cultura”. Los cochimíes, que habitaban la región cuando llegaron los jesuitas a finales del siglo XVII, no se las atribuían: creían que eran obra de una raza de gigantes extinta antes de su llegada.
¿Se pueden visitar?
La ficha no publica accesos, permisos ni condiciones. Consúltalo con el INAH: es arte rupestre en barrancos de difícil acceso y su visita suele estar regulada.
¿Qué tan grande es la zona?
Aproximadamente 3,600 kilómetros cuadrados de sierra, con una elevación máxima de 1,590 metros sobre el nivel del mar.
Fuentes y fecha de verificación
Guía preparada el 26 de julio de 2026 con la ficha de las Pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco, de la Dirección de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y con su listado nacional de sitios inscritos. Las citas entre comillas son transcripción literal de esa fuente, incluidas las dos inconsistencias que se reportan sin resolver. Accesos, permisos y condiciones de visita los fija el INAH y cambian: confírmalos antes de ir.
